En el barrio de Hammarby, al sur de Estocolmo, un moderno complejo habitacional demuestra que sí es posible ser energéticamente autosuficiente
Ricardo Cerón
EL UNIVERSAL
ESTOCOLMO, Suecia.— Un complejo habitacional autosuficiente, donde no hay casi ruido, la basura se reutiliza y sirve para generar biocombustibles, la gente pasea sin estrés y a partir de los rayos solares se produce electricidad, pareciera una utopía; pero Suecia está a punto de lograrlo.
En el sur de Estocolmo, la capital sueca, está el barrio de Hammarby, lugar que actualmente cuenta con 10 mil departamentos, donde cada material y diseño ha sido seleccionado hasta en el más mínimo detalle para convertir estas viviendas en autosuficientes, y aunque aún no se logra al 100%, es ya ejemplo mundial de cuidado al medio ambiente.
Al llegar a Hammarby lo primero que llama la atención es el inmenso lago que le da nombre al lugar y que rodea el conjunto de edificios; sin embargo, al recorrer sus calles, pronto uno se da cuenta que este es un barrio distinto. Aunque las calles son amplias, el tránsito de vehículos casi no existe, se observan sólo unas cuantas bicicletas, que por lo general van rumbo a la estación del tren que está en la avenida principal, desde donde se puede viajar a cualquier punto de Estocolmo.
Al continuar el recorrido se aprecian amplias áreas verdes con canales de agua pluvial a los costados, que las mantienen siempre en óptimas condiciones y cuyo excedente llega al lago, del cual se obtiene el agua que, luego de purificarla, llega a cada uno de los departamentos.
Unos gruesos cristales dejan pasar la mayor cantidad de calor y protegen del frío a los departamentos, que aquí suele llegar a varios grados bajo cero.
Con la tranquilidad y silencio que hay en la superficie, es difícil imaginar que debajo de nuestros pies una extensa red de ductos llevan la basura a gran velocidad a las plantas de reciclado fuera de la localidad. Los contenedores de diferentes colores, agrupados en conjuntos de tres en los costados de las calles, son las únicas evidencias en la superficie de la existencia de esa red.
Cerca de la estación del tren está la sede de la central de información de la comunidad, una casa de dos niveles, cubierta de cristales y en cuyo techo se ven unos inmensos paneles solares, con lo que al igual que el resto de los departamentos, se produce electricidad y calor.
Hasta aquí llegan cada mes decenas de visitantes de varias partes del mundo, con el único objetivo de conocer las bondades de este proyecto habitacional.
Erik Freudenthal, representante de la empresa ENVAC, especializada en recolección automática de basura (que junto con el gobierno sueco logró construir este complejo habitacional), explica que cada uno de los colectores son controlados por computadoras para que el aspirado realizado por enormes ventiladores se haga con eficiencia.
Del retrete al omelette
Apoyado de una maqueta, Freudenthal dice que pese a la velocidad con la que es aspirada la basura, no representa riesgos para las personas que depositan los residuos en los colectores, "no hay peligro de que alguien sea succionado".
Incluso Joakim Karlsson, otro de los representantes de ENVAC, aclara que los objetos voluminosos difícilmente serán succionados, pues recuerda que ya en alguna ocasión alguien intentó deshacerse de su árbol de Navidad a través de estos ductos, sin éxito, dado que el árbol se atoró. Afortunadamente el sistema computacional detectó el lugar de la obstrucción y se logró reparar.
Hoy en Hammarby los restos de fruta y verduras son empleados para fabricar bolsas de supermercado; sin embargo, entre sonrisas, los encargados del local advierten que aunque son biodegradables, no es bueno comérselas.
Mientras la basura aquí sirve para producir electricidad y calor, los residuos sanitarios son convertidos en biocombustibles, principalmente, biogas.
Por eso cuando uno ingresa al sanitario de este módulo, se topa con un par de letreros que llaman la atención. El primero da las gracias por contribuir con la generación de energía en Hammarby.
En el segundo, un poco más extraño, dice: "frán toalett till omelet" (del retrete al omelette), pues los desechos del sanitarios, volverán a los departamentos en forma de biogas para cocinar.
Al subir a la azotea del módulo se observa un gran panel solar, y cuando uno se da cuenta de que a pesar de ser las 15 horas el Sol está a punto de ocultarse, la pregunta es inmediata: ¿alcanza la energía solar para satisfacer la demanda de electricidad y calefacción? Sólo en verano, en invierno satisface 50% de las necesidades energéticas, precisa Freudenthal, quien aclara que si esta tecnología estuviera en alguna ciudad más cercana al Ecuador (como la de México) se podría llegar a niveles muy cercanos a la autosuficiencia.
Una vez que el Sol se ha ocultado, el frío polar comienza a descender la temperatura más allá de los cero grados.
Es hora de dejar Hammarby, aunque la energía que produce nos acompañará por algunos kilómetros más, dado que la basura de ese barrio mueve el tren, silencioso y rápido, en el que se puede uno desplazar hasta el Metro de Estocolmo.