Aimara Acevedo - 15/6/2007
La pasión por los teléfonos celulares sigue en aumento y, con ella, los efectos negativos sobre el medio ambiente. Según cifras de la industria, entre 1985 y 2001, el número de celulares habilitados en los Estados Unidos pasó de 340 mil a 128 millones. En promedio, cada teléfono tiene una vida útil de 18 meses, dato que preocupa a los ambientalistas atentos al crecimiento del volumen de deshechos contaminantes. Según estima un informe de la organización ambientalista Inform (www.informinc.org/cellphone.htm), en 2005 se tirarán a la basura 130 millones de celulares sólo en los EE.UU.. Contabilizando los teléfonos, las baterías y los cargadores, eso se traduce en unas 65 mil toneladas de residuos peligrosos más por año. Porque aunque es cierto que algunos aparatos serán abandonados en algún cajón donde permanecerán años, la mayoría irá a parar a diversos rellenos sanitarios o será incinerada.
Cerca de 40 millones de toneladas métricas de estos residuos se botan anualmente y sólo una mínima parte se recicla.
En el caso de Venezuela más de 19 millones de venezolanos usan teléfonos celulares, de acuerdo con las cifras suministradas por la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, en su informe del primer trimestre de 2007. El éxito de la penetración de esta tecnología esconde, sin embargo, un dolor de cabeza ambiental, pues parte de los componentes que se utilizan en estos aparatos de comunicación se consideran altamente contaminantes y, por lo tanto, un peligro para la salud humana si son desechados de manera inadecuada.
El problema adquiere una dimensión preocupante si se piensa en la alta rotación de equipos de este tipo que existe en un mercado como el venezolano, y que hace que más de un usuario guarde hasta tres o cuatro teléfonos, cargadores y baterías en desuso, en algún olvidado cajón.
Las baterías de los celulares están entre las partes de manejo más delicado, pues contienen metales como cadmio y níquel, que -de desecharse en sitios inapropiados- pueden contaminar las fuentes de agua y llegar a ser consumidos por el ser humano a través de plantas y animales.
En países latinoamericanos, como Brasil, donde existen más de 90 millones de usuarios de teléfonos celulares, o México, donde alrededor de 40 millones de personas tienen aparatos de ese tipo, se han anunciado iniciativas legales para tratar de atajar el problema ambiental que puede traer esta basura tecnológica.
En todo el mundo hay más de 1.000 millones de teléfonos móviles. Solo en Estados Unidos van a parar a la basura 65 mil toneladas de aparatos, baterías y cargadores.
Opiniones de expertos
"Esto se está convirtiendo en un verdadero problema, porque la cantidad de celulares descartados crece terriblemente", dijo Eric Most, director del programa de prevención de residuos sólidos de Inform, una organización independiente que controla los efectos del mercado sobre el medio ambiente y la salud. "Estas sustancias químicas se acumulan en el medio ambiente, transfiriéndose a la tierra, el agua, las plantas, los animales y, finalmente, al hombre". La amenaza que representan los celulares que se tiran a la basura no se limita a las fronteras estadounidenses: en todo el mundo hay más de 1.000 millones de celulares funcionando, y Japón y varios países europeos ya están presionando a sus fabricantes para que dejen de emplear productos químicos tóxicos. Los investigadores de Inform sugieren la implementación de programas de descuentos en los teléfonos nuevos para aquellos clientes que entreguen sus equipos viejos.
2 años es el tiempo máximo de vigencia de un teléfono celular en los países desarrollados, según Greenpeace.
"Si los productores tuvieran que recibir de vuelta sus propios celulares, se verían incentivados a fabricar aparatos más fáciles de reciclar. Australia tiene un programa nacional de devolución y Europa está a punto de forzar a las compañías a aceptar sus propios teléfonos. Lo mismo deberían hacer los EE.UU.", dijo Bette Fishbein, economista y coautora del estudio de Inform. Algunas compañías, entre ellas Verizon y Sprint, ya tienen sus propios programas de devolución, pero el principal grupo de la industria, la Cellular Telecommunications and Internet Association (CTIA), se opone a la puesta en marcha de programas obligatorios. En lugar de exigir que los fabricantes descarten los celulares usados, "la CTIA prefiere que los teléfonos viejos sean derivados a obras de caridad o se revendan en países menos desarrollados", dijo Travis Larson, vocero del grupo.
Algunos estados norteamericanos ya tomaron distintas medidas para promover la reutilización de los celulares en desuso. Un programa financiado por el gobierno en Maryland, por ejemplo, junta celulares usados que, después de ser reciclados y/o reprogramados, se ceden a personas mayores para que, en caso de necesidad, puedan llamar a los números de emergencia.
"La recuperación de los celulares es mucho más importante en otros países y, muchas veces, cuenta con la cooperación de los fabricantes y los distribuidores", dijo la Environmental Protection Agency, que trabaja junto a Inform en un estudio sobre reutilización de celulares. Por su parte, Fishbein opinó que "los fabricantes deberían estandarizar sus productos para que los consumidores tengan menos razones para comprar teléfonos nuevos". Pero la industria, que está decidida a achicar el uso de materiales tóxicos, se oponen a contraer obligaciones: "La competencia es sinónimo de innovación", argumento Larson.
Término oficial
Los desechos de celulares pueden ser recolectados se pueden clasificar las piezas, el siguiente paso será exportarlas a una empresas que recicla las piezas. Estos equipos se venden luego nuevamente.
El impacto de la acumulación de desperdicios electrónicos es tan grande que hasta se ha acuñado un término para definirlo: la e-waste o e-basura. A pesar de la vinculación de esa palabra con la informática y las telecomunicaciones, también abarca otro tipo de aparatos, como los electrodomésticos, los juguetes electrónicos y los bombillos fluorescentes.
Cerca de 40 millones de toneladas métricas de estos residuos se botan anualmente y sólo una mínima parte se recicla, en parte porque se requiere una tecnología desarrollada para hacerlo, señala una noticia publicada en el sitio www.ewaste.ch.
Al ser recolectados se pueden clasificar las piezas, el siguiente paso será exportarlas a una empresas que recicla las piezas. Estos equipos se venden luego nuevamente.